Cuau, el 10, dice adiós al Azteca como Tricolor

Publicado: octubre 10, 2009 en Deportes
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Por Fernando Schwartz en el diario Esto

El emperador Cuauhtémoc tiene hoy una cita especial, a la que espera llegar. Es el día 10 del mes 10 del año, en que podría dejar sellado el pase al Mundial del 2010.

Cuauhtémoc Blanco, el guerrero azteca, está listo para dar su última batalla con la verde en el majestuoso marco del Estadio Azteca.

Cuau, “El Camello”, el llamado “Ave de las tempestades”, enderezó el barco en el camino al Mundial de Sudáfrica, y es doloroso, además de cruel, el destino que hoy lo tiene en duda para saltar la cancha e irse de su estadio como siempre lo soñó: triunfador con la camiseta verde.

Es obvio que a sus 36 años de edad, hoy sábado será la última vez que Cuauhtémoc -en partido oficial- esté representando al Tri, pero más allá de eso, paradójico resulta el destino que le pone el rival con el nombre que él merece: El Salvador. Que lo pone el día 10, del mes 10 y en el camino al 2010, caminando por una cancha donde él debe decir adiós jugando y no como un espectador más.

Pero es indiscutible que la duda permanecerá hasta el último minuto, porque Cuau ha estado mañana, tarde y noche en terapia. Ha trabajado por separado y quiere estar, porque quiere dar el pase en la cancha para el gol, o anotar el que signifique el boleto al Mundial.

CUAU, EL QUE NOS HIZO VIBRAR

Cuauhtémoc nos hizo vibrar con sus grandes tardes y noches, y por supuesto mediodías, en el Estadio Azteca. El “Zurdo” López lo debutó y después lo mantuvo alejado.

Fue hasta el torneo 1994-95 cuando la sinfonía de Biyik-Kalusha-Del Olmo-Zague, fue apuntalada por este desgarbado jovenzuelo, que con un sueldo de apenas 3 mil pesos mensuales, se convirtió en pieza fundamental de Leo Beenhakker, para de ahí en adelante ser un indiscutible “guerrero Águila” y “guerrero Tricolor”.

El Azteca ha sido testigo de sus grandes hazañas y festejos que dieron de qué hablar, como cuando simuló orinar como un perrito sobre la línea de gol, después de anotarle al Atlante. O como cuando Terrazas y Villa le bolearon el zapato derecho luego de una anotación. Como cuando se lanzó como balón a la red, cuando la hizo de torero, o el ya patentado estiramiento de sus brazos con la firma de Cuauhtémoc, que se ha convertido en un clásico de los festejos.

Trayendo en la sangre el barrio de Tlatilco donde nació, y el de Tepito donde se crió, el popular “Camello”, como es conocido entre sus compañeros, siempre derrochó clase, garra, empuje, y sobre todo huevos a la hora de la verdad, lo que le ha valido un reconocimiento y un aplauso, además de convertirlo en un ídolo que, como su nombre histórico, siempre dejó que le quemaran los pies los malinchistas, para resurgir cada vez y ser el jugador diferente, el que cambia el rumbo de los partidos, el que juega con inteligencia.

Fue en esta cancha del Estadio Azteca donde su paso se convirtió en leyenda. Hoy viene a la mente aquella fenomenal actuación que dio para llevar a México a ganar la Copa Confederaciones 1999, único título de la FIFA que tenemos.

Hoy viene el recuerdo de aquella terrible entrada de Elcock en el 2001, que lo dejó marchito y fuera de acción. Hoy está vivo el recuerdo de esos dos goles contra Honduras que valieron el pase al Mundial, o el recibimiento que le dio el Azteca en todos estos últimos partidos eliminatorios, consagrándolo como su “Emperador”.

Cuando vino al Azteca enfundado de necaxista o veracruzano, el Coloso se le entregó. Cuando alcanzó su único campeonato en el Apertura 2005, fue el más vitoreado y elogiado. El “Emperador” del Coloso de Santa Úrsula no puede irse el sábado 10, del mes 10, sin estar en juego y comandando a los 11 Guerreros Aztecas que Aguirre pondrá en la cancha.

Su trayectoria y su clase merecen que esa lesión lo deje por la paz al menos medio tiempo. Cuau, con sus 36 goles, 105 partidos 111 convocatorias.

Cuauhtémoc -el 10-, hoy 10 del mes 10, tu público te rinde homenaje en tu casa, el Azteca.

LA ÚLTIMA, EN HONOR AL 10

¿Es difícil ser Cuauhtémoc Blanco?

“Es complicado. La prensa me ha atacado muchísimo y no me ha importado. Al contrario, tengo que trabajar más y callarle la boca a muchos. Ese siempre ha sido mi lema. No me siento famoso. Soy igual que un mesero, un barrendero, como cualquier persona que trabaja en el mantenimiento del club. Hay gente que tiene fama y dinero, pero no tiene sentimientos, que es lo más importante”.

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