En Mérida, pisando fuerte

Publicado: marzo 13, 2010 en Critiquero, Espectáculos
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Un sábado por la mañana, me hallaba en el lugar preciso para recibir la noticia. Lo leí de la misma fuente que la foto. Si, el diario de Yucatán. No lo creí, porque por lo general artistas de talla internacional no ponen en su agenda a ciudades como Mérida. A la semana la noticia. Alejandro Sanz llega a Mérida, boletos a la venta a partir de ya. Fue un Miércoles y aún no tenía dinero para mi boleto, mucho menos sabía los precios.

Los rumores llegaron para el dia siguiente: la localidad diamante (la más cara) se encontraba agotada. Desesperación. ¿Qué hacer? Afortunadamente hubo pago. Afortunadamente fue mi regalo.

Los días pasaban y sólo esperaba que nuevamente saliera la información de que la presentación en Mérida estaba cancelada. Ya estaba en la página oficial el calendario con la fecha marcada: 10 de marzo, inalámbrica. Cuando supe que era en la inalámbrica, dudé. Un lugar así para un concierto de tal magnitud. En la fila de los boletos pedían Chichén. Mi fanatismo no es tan grande para pedir que a Sanz le den ese foro. Además de que pienso que por más bonito que se vea un concierto en una zona arqueológica, éstas no deberían ser empleadas para eso. ¿Porqué no pensar en el Carlos Iturralde? ¿O tal vez en un teatro? (aunque nuestros teatros son bonitos pero no se caracterizan por su magnitud)

Escepticismo. Un día antes aún no me pasaba que fuera real. Ni con boleto en mano, ni en la fila del concierto. Ni durante la hora y media que tuve que esperar para entrar. Hasta que el cantautor salió al escenario interpretando “Mi Peter Punk” y que la gente se alteró fue cuando todo se materializó. Alejandro Sanz está en Mérida, cantando, con un escenario estupendo y con sus canciones.

Golpes, patadas, caídas, impotencia de parte de los de seguridad que ni su trasero podían asegurar. Prefirieron dar paso a los mares de personas que a intentar tener el control que jamás encontraron. Una auténtica odisea el poder entrar. 5 minutos entre el segundo “retén” que me pareció una eternidad. Estaba a punto de caer y agarré fuerza de quién sabe donde. Intenté detener a la gente e implorar por calma. Nada. Ni llorar era bueno. 5 minutos después me hallaba coreando las canciones, gritando, expulsando el pulmón y secando la garganta.

El español no se tiene la culpa de la pésima organización, él hizo lo que tenía que hacer a pesar de perder a un familiar horas antes. Se entregó gastando el sudor, hasta la última nota de su canción. Fiel a su estilo, a su aparente timidez, demostró que no es un auténtico showman, pero que puede entretener a una mole de gente, al tornado de incertidumbre que había en la inalámbrica y que hubo a pesar de que el concierto ya había comenzado.

Un concierto excelente, un escenario impresionante. Una voz que no se quería apagar. Pidiendo disculpas a toda la gente que tuvo torrentes de sentimientos antes, durante y posterior al evento. Porque en el escenario no se encontraba el cantante. Mucho menos el ídolo de muchos. Se hallaba el genio, el poeta, el ser humano.

Ojalá que como él mencionó no sea la única presentación en suelo yucateco. Pero que tampoco tarde en reencontrarse con toda esta gente.

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