La vida de un tutor en comunidad (parte 1)

Publicado: marzo 29, 2011 en Jgmv
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En muchas ocasiones se ha contado en el cine, en la tele, en los periódicos, en los libros, etc., la historia de personas que salen de su zona de confort para afrontar un reto, ya sea liderar un país, o un equipo de algún deporte, convertirse en santo o aprender algo mejor que los demás. En esas historias por lo general esa persona logra lo que quiere y gana la presidencia, se convierte en rey o sale en hombros de un estadio.

Y sí, este post también será personal. Cuando dije que iba a escribir una vez cada semana la situación era diferente. Mi closet tenía ordenadas y clasificadas mis ropas por color, tipo de ropa y en ocasiones hasta por marca (o falta de ella). Hay veces que por los otros proyectos en los que participo sólo llego a mi casa a sacar la ropa de mi maleta y al día siguiente ya me estoy yendo. Ante la extrañeza de muchas personas y después de escuchar varias veces algunas preguntas como: ¿qué estudiaste? (después de contestar esa pregunta sigue ¿y eso qué es?), ¿cuándo te vas a casar? (una de las preguntas que he detestado más por la constancia en que me la hacen) y ¿en qué trabajas? Pues hoy, vamos a darle respuesta a esta última, la primera ya está contestada desde algunos años y la segunda…aún no tiene respuesta o tal vez será “no en este año”.

Trabajo en un programa que ahora en algunas escuelas conocen como “Tutorías”. El verbo aún no está muy claro, aunque en el equipo preferimos llamar “tutorar” y los profes que van conociendo la metodología dicen “tutorear” (Word me marcó que está mal esta palabra, pero peores cosas he visto y leído de los profes con los que he trabajado). ¿En qué consiste? Pues la mejor respuesta está en que me pidas una tutoría para conocer más al respecto pero es básicamente una metodología que tiene como objetivo “aprender a aprender”. Así como lo lees.

Como programa piloto en Yucatán (hay estados de la república en los que el programa lleva ya varios años), aún se está adaptando al modelo de educación que se imparte en las escuelas. Como tutor tenemos a nuestro cargo tres escuelas, pero no cualquier escuela. No pienses que está la de la esquina de tu casa o la que tienes a un camión de distancia desde tu casa. No, son las escuelas de nivel Primaria y Secundaria que tuvieron durante tres años consecutivos las peores calificaciones en las pruebas Enlace. Muchos se quejarán de que esta prueba está descontextualizada de nuestra sociedad y que no demuestra lo que en realidad saben los alumnos pero oh sorpresa, los resultados lamentablemente son ciertos. Y no, tampoco se trata sólo de evidenciar las carencias de nuestro sistema educativo, también hay que buscar la forma de luchar contra esto. Y ahí es donde entran los tutores.

Salgo un lunes por la noche o martes en la mañana para llegar a mi comunidad y después de tres o cuatro horas (si tengo suerte, porque he tardado hasta 7 horas en llegar) llego a una de mis escuelas. Uno de los objetivos consistía en tutorar a los profesores o directores para que conozcan las bondades de la metodología. Pero ante la negativa de muchos de ellos (“es que me toma mucho tiempo”, “es que no avanzo con el programa”, “es que no le encuentro utilidad”, “es que ya me voy a jubilar y no necesito aprender eso”, “¿tú, qué me vas a enseñar a mí?”) pues a trabajar con los alumnos, que al fin y al cabo son los beneficiados.

Mis tres comunidades son totalmente diferentes y relativamente no lejanas una de la otra, pero sí de mi Mérida. En dos no tengo señal de celular, en una ni la electricidad ha llegado. A veces creemos que es complicado llegar allá, pero lo difícil es salir, esperar a que algún carro pase por allá o que milagrosamente el señor de los fletes llegue a la comunidad. El frío, que en el interior del estado se siente más cabrón, es lo de menos. Le temo más a las lluvias cuando esté rumbo a mi comunidad.

Sobre la comida, déjame decirte que si eres mamón para comer (no especial, si no te gusta comer algo porque tiene cebolla o piña, eres un mamón, especial es otra cosa…o a menos que seas alérgico), lo sufrirás. A veces es de dudosa procedencia, no sabes que ser será, pero resulta muy rico. En otras ocasiones es mejor no como lo cocinaron, ya te enterarás cuando llegues al baño dos o tres horas después. Afortunadamente con la comida no he sufrido mucho, más bien el recordar la sabrosa comida que me esperaba en mi casa meses atrás.

Del lugar para dormir, puede ser desde una palapita infestada por moscos, con 15° o menos de clima y sin ventanitas, hasta un cuarto digno de una película de terror, donde los baños parece que jamás fueron usados…o más bien usados de más…y para diferentes propósitos. La forma de bañarse va desde el famosísimo cubito y la regadera de donde caen dos gotitas, hasta el lavamanos.

En mis tres comunidades la lengua maya es la principal y el español es una opción más, lo cual si que fue un problema para mí, al grado que una niña me dijo “si no sabes hablar maya, ¿qué haces aquí? (continuará…)

 

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comentarios
  1. Xiomara Diaz Rosado dice:

    Que interesante los comentarios, definitivamente como comentas estas son las condiciones de solo algunos dias que vives en las comunidades rurales de nuestro Yucatan, sin embargo, es la realidad, por la que todos los dias, los alumnos, los maestros viven, es cuando la actitud individual sale a flote y decides ponerte la camiseta y ser un buen maestro y luchar para que las condiciones que te rodean cambien para mejor. Sin embargo, esta la otra cara de la moneda, no siempre se ponen la camiseta y pasa lo que refleja la prueba ENLACE, y es aqui en donde estamos trabajando en las posibles soluciones para mejorar la calidad de vida de los Yucatecos, impulsando programas que desde la formacion docente se deben implemetar.

    • Critiquero dice:

      Hola Xiomara. La verdad es muy difícil llegar con un profesor y decirle “vengo a trabajar contigo para ayudar a nuestros niños”, porque algunos sienten celos y hasta paranoia, al evidenciar que no están haciendo correctamente su trabajo. Lamentablemente muchos profesores han perdido esas ganas de transmitir conocimiento a los alumnos, aunque no se dan cuenta que luego son vidas las que están perjudicando. Si motiváramos lo suficiente a un niño a estudiar, la situación de nuestro Yucatán sería suficiente. Y por supuesto, de nuestro país. Saludos.

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