Cosas de niños

Publicado: mayo 3, 2011 en Jgmv

No mientas. Alguna vez haz visto a alguno de tus amigos jugando videojuegos y dices “esas son cosas de niños”. Observas que alguien ve una “caricatura” como haz acostumbrado a llamarle a los animes y no dejas de tachar a esa bella persona de infantil, sin fijarte que en ambos casos hay más violencia que en media hora de un noticiero. Pero curiosamente llega el tan comercializado día del niño (o pon la fecha que quieras: navidad, 14 de febrero, día de las madres, día del padre…ya van siendo lo mismo, aunque no por eso hay que ignorarlos y atacar a quienes gusten de festejarlo…como yo algunas de esas fechas, jejeje) y te fijas de mensajes en el msn, en el facebook, en twitter que dice “porque todos tenemos un niño dentro”, “nunca pierdas a ese niño”…y yo sólo pienso: O SEA, ¡QUE GRAN INCONGRUENCIA!

Aceptémoslo, hay días en los que nos encontramos tan agobiados que a veces hasta miramos con recelo al niño que patea su balón en la calle. E inevitablemente comienza ese viaje interno hacia aquellas noches en las que jugabas caza venado y te apropiabas de toda la calle. Eso sí, mamá vigila que su pequeño se esté fijando de los carros que pasan constantemente. Después aprovechando cuan gran terreno hay cerca de tu casa (una excelente ventaja que tenemos los que vivimos en casas viejas), te dispones a jugar busca busca, sin darte cuenta que los escondites son los mismos de siempre y en ocasiones hasta muy obvios.

Nadie es una isla y eso es más que disfrutable en nuestra etapa infantil. El niño es un gran socializador, no le importa si conoce a ese niño que está jugando arena solo en el parque  y ya lo está invitando a jugar. Rápido agarrábamos confianza y sin darnos cuenta, ya hasta un apodo ya le habíamos puesto. Solovino era uno muy común.

Recuerdo cuando ya cansado de correr, me ponía a ver “tardecitas yucatecas” frente a mi pequeña televisión en blanco y negro, esperando que aparezca el mago Denis con Solovino…y ya no recuerdo si él mismo sacaba a pegajoso. Pepillín fue un gran acompañante durante muchos años. Y el peinado del chel un hitazo que aún perdura en muchas cabecitas.

Terminar la tarea era nuestra mayor preocupación. No nos importaban los problemas que habían en el mundo. Andábamos en una burbuja tan pequeña que nuestro universo se extendía a la escuela y a nuestros vecinitos y los patios donde jugábamos. A y los parques también. Tal vez era porque en ese entonces los medios de comunicación estaban más controlados…o porque la violencia no había llegado a niveles tan disparatados. Los únicos partidos que nos importaban eran los que se jugaban a la hora del recreo en compañía de nuestro juguito Frizzi y nuestro sandwich que comprábamos con menos de 3000 pesos y si mamá o papá nos permitían, una sabrosa coca en envase de cristal (hace poco me preguntaron ¿porqué ya no sabe tan bien la coca? y respondí que por el plástico. ¿A poco no?).

Las discusiones más acaloradas que teníamos eran sobre si Gokú no era tan genial (o super genial) y cual Power Ranger fingíamos ser. No nos dábamos cuenta de que en Bugs Bunny, Tom y Jerry y La Pantera Rosa había una violencia tan exagerada, nos reíamos nada más…y pegábamos sus calcomanías en nuestras loncheras o en la libreta que tenía a un Caballero del Zodiaco con parte de su armadura.

El adolescente que no tiene cicatrices en las rodillas. No disfrutó su infancia. Aquí formamos gran parte de nuestros miedos y el trabajo más cool con el que fantaseábamos era astronauta, policía…o Indiana Jones…Mamá y Papá eran los auténticos super hombres porque los super amigos y los babosos gemelos fantásticos nunca lograron desplazarlos. Y ante nuestros ojos, jamás han dejado de ser super.

El tiempo era nuestro mejor aliado. Jugar hasta tarde, comer lo que sea sin preocuparnos de las odiosas calorías. De todas formas entre juego y juego, lo demás pasaba de largo.

Lo triste es que ahora cuando vemos a un adulto jugar lo tachamos de inmaduro (cuando en realidad ni el joven es siempre inexperto ni el adulto es totalmente maduro). Piensas que alguien es infantil porque conserva alguno de sus queridos y adorados juguetes que tantas historias vivieron juntos. No te detienes un momento a ver si el conejo está comiendo queso en la luna ni mucho menos te dedicas a sacarle una sonrisa a los demás. ¿Qué tan fácil era decir “te quiero” a mamá y a papá? ¿Qué sencillo era pelear con nuestros hermanos y después seguir jugando como si nada hubiera sucedido?

Miro a un niño y sólo pienso “suertudo, aprovecha de esta etapa todo lo que puedas, los problemas no tardarán en llegar. Pero juega, que hoy nadie te presionará.”

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comentarios
  1. gabychy dice:

    Toda la razón critiquero, eran días super divertidos y llenos de aventuras; esto me hizo recordar las fantásticas historias de terror que nuestros primos mayores nos contaban, lo fácil que era chamaquearnos, ante todo lo que nos contaban reaccionabamos con un: “maaaa, ¿en serio?”. Que tiempos aquellos; sin embargo estoy segura que podemos redescubrir esos sentimientos tan limpios y no perder la capacidad de asombro ante las cosas sencillas de la vida, como un UNO o un TWISTER o ¿no? y sí los son muy afortunados.

    • Critiquero dice:

      Ahora en lugar de decir “Maaa, en serio?” dices “¿ah, sí?”… y te vas a guardar del huracán, jejeje. Sip, éramos tan ingenuos, pero en eso radicaba nuestra adorable inocencia. A poco no con esas cosas de terror que nos contaban no te acercaste al cuarto de tus papás porque no podías dormir? Aunque tal vez mucho no hayamos cambiado. Saludos!!!

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