Siguiente (o sobreviviendo a una entrevista de trabajo)

Publicado: septiembre 5, 2011 en Jgmv
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Te das cuenta que faltan pocos minutos para la hora pactada, y sabes que no quieres causar mal impresión por llegar tarde…pero tampoco por llegar con toda la ropa mojada, así que le pides a todos los dioses de los camioneros que no toquen semáforos en rojo y que en todos los letreros de “Alto” no haya alguien a quien chocar.

Al llegar, lo primero es ver el recuento de los daños. Un poco de agua en el cabello, mirada al espejo y mantra de convencimiento. Ejem, con sólo pedir que la lengua no se trabe, es suficiente. Caminas hacia el destino final (que nada tiene que ver con la franquicia de películas de horror… ¿o sí?), abres la puerta y observas que no eres el único que leyó el anuncio colgado en Internet, el cual puede ser visto por más 500,000 personas ociosas. Y pueden ser mucho más. Lo tomas con calma y miras alrededor. Cara conocida, cara conocida, cara conocida. Demonios, la competencia es canija.

Llega una persona que dice “síganme, vamos al piso de arriba”. Para romper el hielo dices “recomendaría que si alguien les ofrece agua, no la tomen, podría estar envenenada”, ríes nerviosamente y piensas que los demás sólo dicen “bueno, el chistosito es un rival menos”.

Todos sentados en una cómoda sala, que después de unos minutos parecen ser rocas, o un nido para aves de gran tamaño, y efectivamente, tú eres el alimento. Un poco de clima, que normalmente sería agradable, pero que gracias a las circunstancias, te imaginas una nueva era glaciar. Tratas de hacer conversación con el vecino “Uff, ¿sí que está tardando, no?” (como siempre, una forma de romper el hielo, criticar a alguien conocido). Notas caras primerizas. Sip, de esa forma te verías en este momento. Y comienzan las pláticas sobre experiencia profesional: “sí, yo trabajo en una empresa dedicada a tal cosa”, “yo hago esto en este lugar”, “yo he estado aquí, aquí, aquí…ahhh y aquí también”. Rayos, podrá haber sido sólo servir cafés en un Oxxo (donde por cierto no contratan a alguien para que lo haga, es autoservicio, dooohhh), pero en ese momento todos son astronautas, científicos ganadores de un premio nobel, o hasta Superman…bueno, Batman, Superman no es tan cool, esa ropa interior exterior ya está muy entrada en años.

Y comienza la acción. Llaman a la primera persona. 1 minuto. Dos minutos. 5 minutos. No sabes ni a quien mirar, ni de qué hablar. Curiosamente, todos eluden el tema de los sueldos, porqué, no lo sabes, pero hasta tú lo haces. 10 minutos. Miras tu reloj, celular, o instrumento primitivo que utilices para medir la hora. Sale la primera persona y se va a la siguiente parte de la entrevista. Sólo quieres pasar porque sientes que mientras más tiempo pase, la masacre será mayor. Llaman a otro y te quedas sentado un rato más. Platicas sobre otro tema trivial para matar el tiempo. Y listo, ya han pasado otros 10 minutos, y adivina qué: tú sigues.

Pero un momento, tu nombre está mal escrito. ¿Será bueno, o malo? Bueno, en el sentido de que si la cagas al hablar, será otra persona a la que critiquen. Malo, porque…pues si obtienes el trabajo, ¿a quién se lo darán? Así que haces evidente el error de escritura y piensas: ¿habrá sido bueno que ni me hayan contratado y ya les esté diciendo que hacen mal las cosas? Oh, oh, puede ser una mala señal. Abres la puerta y cuatro personitas ya están mirándote, escaneándote cual potente escáner y lanzando la primera pregunta a quemarropa. ¿Cuéntanos de ti? ¿Qué dirás? Una pregunta tan sencilla, parece digna de un examen de titulación. ¿Decir mucho o decir poco? ¿Qué tanto es mucho o poco? Todo es crisis existencial en este momento y sólo es el inicio. “¿Qué tanto quiere que le cuente?” Y otra persona salva el día “¿Qué tal si nos hablas de lo último que hiciste?”. “Comí un pan tostado, me bañé y vine para aquí”. Hay, baboso, no de eso, laboralmente hablando. Y comienzas a contar lo que para ti es una travesía, como si un anciano lo contara a un grupo de niños, buscando que al final ellos digan “wow”. Pero no es así y las preguntas continúan. Un disparo, dos disparos, tres disparos. En este momento es una ráfaga de preguntas y contestas. Bam, bam, bam!!!

Silencio.

Silencio.

Risas.

¿?

Risas???

Repasas lo que dijiste los últimos 5 minutos y hasta este momento la libraste. O eso crees. Ves que las preguntas no son nada del otro mundo y respiras con tranquilidad. Les haces ver que cualquier decisión que tomen será la correcta, porque conoces a la mayor parte de las personas que se encuentran al otro lado del edificio. Y continúan las cuestiones. Es casi como ir a hacer pipí después de tomar dos litros de agua y recorrer cuatro kilómetros de monte para llegar al baño (de haber estado en calma, te habrías dado cuenta que en cualquiera de esos cuatro kilómetros pudiste hacer pipí, por eso hay que estar tranquilos).

Listo. Sales del cuarto contento de no haber cantinfleado mucho y comentándoles a los más nerviosos, que no tienen de qué preocuparse. Todos somos mortales. Todos la cagamos de vez en cuando y al final, son sólo pequeños baches en nuestro camino a la victoria.

Siguiente prueba. En otra ocasión. Continuará…

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