Siguiente (Parte II)

Publicado: septiembre 9, 2011 en Jgmv
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Repasas esos momentos previos a cuando obtuviste aquellos trabajos de los que ya comentaste y te das cuenta que te mal acostumbraron a que llegabas con el sí en la bolsa y sólo te decían “tal día comienzas”. Pero no todo es así y ahora enfrentas lo que para ti es tu primer gran prueba: una clase muestra.

El día anterior te preguntabas qué enseñar, tomando en cuenta que sólo tendrás 10 minutos y ya. ¿Física cuántica? ¿o Falta de sentido común? Y bingo, das con el tema. Te presentas ante los sínodos y lo primero que te dicen es que puedes usar el equipo para proyectar si es que lo haces proyectar. Ok, aquí comienza la prueba. Uno, dos y tres intentos y listo, lo habías hecho bien desde el segundo, pero tu desesperación hizo que fallara y ya perdiste 1 minuto.

Te presentas y les preguntas el nombre a los sínodos/alumnos. Apenas haces esto y ellos ya escriben cosas sobre ti. Empiezas con el tema: “Respirar” (sabes que para lo que quieres enseñar, es un tema básico) y primera interrupción. “No es por ser grosero, pero creo que ese tema ya lo saben los que estudiarán aquí”. Miras a las tres personas y por un momento te sientes grande. “Creo que para poder hacer otras cosas, primero hay que saber esto, no todos lo saben hacer bien, aunque sean grandes (N. del E. obvio que el tema no fue este, pero estoy encubriendo algunas cosas, ejem, no estoy diciendo que todo esto me haya ocurrido a mí…pero…amm…ya no les interrumpo y continúan con su lectura, no les hago perder su tiempo). Al parecer tu respuesta fue satisfactoria y te dejan continuar.

Ves la cara de aburrido de uno de ellos y le haces una pregunta. Te contestan. Sigues y ahora ellos te hacen una pregunta del tema en forma de venganza. Das una respuesta algo tonta, pero al parecer la libraste. Sigues y te piden que lo dejes para otra ocasión, que la noche es muy corta y tenemos que andar…perdón, me desvíe, es que apenas estamos entrando a Septiembre y en los aparadores de las tiendas ya están las cosas de Diciembre…otro tema para después…

Siguen las preguntas, pero ya más específicas. Más dignas de un depredador. Y tú eres la presa indefensa en este momento. Y el tiempo se acabó. Sales y ya no estás seguro si hiciste bien las cosas. Te sientas y platicas sobre lo ocurrido, te das cuenta que no sólo a ti le sucedieron esas cosas y que olvidaste tu mochila y tus materiales en el salón anterior. Con eso crees que ya son puntos menos al abrir la puerta.

Ha pasado una hora desde que abriste el umbral hacia aquel lugar. Y ya no quieres volver a pasarlo. Tienes algo de miedo de lo que vendrá, gracias a lo que ocurrió en estos últimos instantes. Y te llaman para la tercera y última prueba.

Parece que parte de la prueba es esperar un poco más y ver como los demás se desesperan, hasta los mismos que hacen la prueba en ese instante, que es tal el grado de nerviosismo que se desesperan y no buscan las soluciones a las cosas más sencillas. Pero un momento. Algo peor está sucediendo en ese instante. No lo puedes creer. No pensabas que este momento llegaría tan temprano. Te estás haciendo pipí. Y no sólo eso. Tu estómago comienza a hacer ruidos, tienes hambre.

Todo parece comestible en ese instante. Bultos, algo de fibra. Compañeros del examen…canibalismo. Lluvia…bebidas refrescantes. Buscas algo con que calmar la solitaria y rasgas tus vestiduras hasta encontrar el último chicle. Quien sabe cuánto tiempo llevará allá y si era tuyo. Pero sabes que eso sólo te dará más hambre. Pero a quién le importa, peor es nada. Haces algunos llamados para evitar recordar en donde te encuentras y lo que sigue y al fin, después de dos horas y media, es tu turno. No recuerdas cómo se hacían las cosas, porque a decir verdad, estás algo oxidado de todo eso. Intentas tocar un botón, pero sabes que ese no es el correcto. Miras a la persona que te aplica la prueba, para ver si mueve la cabeza en señal de “sí” o “no” y sólo te imagina que esa persona estará pensando “yo aquí perdiendo mi tiempo con éstas personas, sabía que no debía dedicarme a esto, pero bueno, a ver si puedo contar esto después a los demás y reírme un poco”.

Poco a poco te vas desenvolviendo un poco más. Pasas a la siguiente prueba y a pesar de que las cosas ya no son como las conocías, aún puedes hacer algo al respecto y bromear con el instructor por tu desactualización. Dos pruebas más y listo. No fue tan difícil después de todo. Te despides, mirando fijamente al teléfono para ver si te llaman para decirte “estás dentro” o “Out”, pero es tan pronto. Y lo único que quieres es que se acabe ese tormento que comenzó casi cinco horas atrás.

Te dicen “nosotros te llamaremos”. Y piensas que así se sentirá una persona despechada después de un revolcón “yo te llamo luego para que probablemente salgamos”.

Afuera, el cielo está nublado, los truenos se escuchan no muy lejanos y las personas van corriendo. Las primeras gotas comienzan a caer, cual cliché peliculero, pero eso no significa que algo malo esté ocurriendo ¿o sí? El tiempo no se ha detenido para ti. Y tú tampoco detuviste el tiempo. Pero te das cuenta que no importa lo que suceda, tú eres dueño de tu propio destino, nadie más reparará lo que deshagas o hagas y bien o mal, todo es parte del camino a la victoria. Quedar o no quedar, es parte de ello e independientemente de lo que suceda, te has esforzado para mostrarte como eres, tomando en cuenta que tus carencias las puedes solventar con preparación continúa y con muchas ganas para avanzar.

Después de todo, siempre hay un mañana.

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