Pastel de galletas

Publicado: septiembre 27, 2011 en Jgmv

Nada más abrir el refrigerador y ya observé que colándose entre refrescos, frutas y restos de comida, aparece un pequeño pedazo de pastel de galletas. Llega el momento en que parezco aborrecerlo. Cada semana hay una rebanada en el refri, y no es que sea el mismo sino que lo piden mucho.

Me pongo a pensar en el día que abra el refri y ya no quede ni el pedazo más pequeño. Cuando por temporadas largas, la única forma de adquirir pastel de galletas, sea comprándolo. Y no se haga desde mi casa.

Me dirán “¡qué tonto eres!”. Y vaya que lo he pensado. Mucha gente que ha pisado mi casa, ha coincidido en que las habilidades culinarias de mi querida mamá no se ponen en duda. Llega el punto en que hasta envidia le da a algunos. En ocasiones, llegan mis amigos no a visitarme, sino a preguntarle a mi querida jefecita cómo hacer ciertos guisos.

Hace algunos años, después de la pérdida de mi abuelita, probé un chocolomo, que aunque estaba muy bueno, no era como el que mi abuelita preparaba con tanta dedicación que hacía que todos corriéramos a comerlo. Lo que me provocó en ese momento fue llanto. Pensar que no iba a probar de nuevo esa deliciosa comida. Pensar que no iba a contar de nuevo con su presencia.

Cuando eres pequeño tus primeros super héroes son mamá y papá. Super papá llega después de salvar el mundo para ayudarte a resolver tus maléficos problemas matemáticos. Super mamá está mentalizada a que domingo a las 11:59 pm recuerdes que al día siguiente tendrás que llevar una planilla de la primavera o de Benito Juárez y a salvarte de un “no trabaja en casa” quién sabe como. Y lo lograban.

Parecía que no valorabas lo que en ese momento hacían por ti, pero nada más lejos de lo real. Creces y solo buscas formas de retribuirlo, aunque sea empezando por una pequeña e íntima cena. Sabes que es muy poco tomando en cuenta las noches que han pasado desvelados por la fiebre que tuviste, o lo corto que se han quedado a raíz de tus medicinas o que por comprarte aquél juguete con el que tanto te entercaste sacrificaron una velada en pareja.

Sueñas miles de formas de devolverles lo que han hecho por ti, intentando materializar ese cariño. Obvio que es un imposible. Porque mientras tu luchas por ponerles una casa nueva, o una televisión, estás trabajando tiempo extra por obtenerlo, sin darte cuenta que lo que en verdad importa es que ese tiempo se los dediques a ellos, porque el que estés aquí es lo que quieren más que nada en el mundo.

Pides que los momentos sean eternos, algo tan imposible como pedirle a la estrella fugaz que se detenga para admirarla muchas horas más. Los momentos que hayas dejado pasar, jamás regresarán y luego el lamento será lo único que nos quede.

A veces pienso que me gustaría compartir a mis papás con todos, porque todos deberían disfrutar de una familia. Es de las pocas cosas en las que prefiero ser egoísta, dándome cuenta de lo afortunado que he sido.

También creo que jamás llegaré a ser la mitad de lo que ellos son. Pero he tenido un buen ejemplo en casa y me gustaría en un futuro poder emular al menos una pequeña parte.

El día que ya no encuentre más pastel de galleta en el refrigerador, en verdad será un día desafortunado.

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