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De vuelta a San Román

Publicado: enero 5, 2013 en Jgmv
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Tengo una foto enfrente de mí que la veo a diario para no olvidar muchas cosas. Es fácil caminar y poco a poco ir perdiendo el piso. Pero ellos me hacen recordar que muchas veces menos es más.

Hace año y medio que no pisaba un lugar que me gustó mucho, tanto por sus personitas como por lo que viví ahí. Había tenido otras experiencias en comunidad, pero se limitaban a hacer mi trabajo y ya. Sólo en eso quedaba, algo de lo que comúnmente me burlo de las personas que piensan que ir a comunidad es solo la periferia de Mérida y nada más, una embarradita de comunidad, como aludo a las ganas de ellos por salir de su ciudad y verificar si lo que leyeron en sus libros resulta ser como lo que se encontrarán al llegar. Ingenuos.

Resguardé unas fotos que debí llevar desde hace muchos ayeres, pero en ellas guardaba mi promesa de no olvidarles, de estar ahí de nuevo y conforme pasaban los días, creía que tarde o temprano tendría que romper esa promesa. Un ciclo escolar ya había transcurrido y otro baile de graduación que me perdía.

En mis sueños ahí estaba, ese pueblito de pocas casas y mucha marginación, de tortillas hechas a mano al por mayor y de nulas oportunidades al abrir la puerta de la casa. Pero no todos tienen que tener un estilo de vida similar al nuestro para ser felices y con el día a día, ellos reflejan eso y más.

Finalmente llegó el momento y 24 horas antes, casi no podía dormir. No me la creía, estaba cerca. Quería pensar en lo mucho que pudo haber cambiado San Román, pero no podía hacerlo sin pensar de forma egoísta. Por una parte quería que la carretera esté lista para que la gente pueda acceder más fácilmente, pero no quería que eso mismo cambiara la forma en la que vivían. ¿Me recordarán? Pensaba que si al menos uno daba testimonio de que yo estuve alguna vez ahí, con eso ya era afortunado.

Tan sólo estar en el pueblo vecino, ya había sentido como mi corazón se aceleraba, como el sudor empezaba a caer y los recuerdos aparecían sin algún orden en específico. Y llegué.

-No se va a morir maestro Jaime, no se va a morir.

-???

-Todavía ayer le decía a mis hijas, que fue una lástima que perdiera su número porque tenía ganas de mandarle un mensaje para ver si se encontraba bien y hoy se aparece acá.

Me acercaba a los niños, los abrazaba y les hablaba por su nombre…claro, de los que recordaba. Ellos decían el mío y poco a poco llegaban más. Entregué las fotos y algunos regalitos más que me acompañaban y no quise tomar fotos de esto. Son imágenes que quedarán celosamente guardadas en mi mente.

Una comida de venado con tortillas hechas a mano e invitaciones para regresar y sabía que la visita ya estaba terminada, había que continuar con el camino para que al volver a casa aquella fotografía me siga esperando, animándome a no rendirme porque siempre hay un lugar al que queremos regresar.

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2191 días

Publicado: enero 26, 2012 en Jgmv
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No soy partidario de gritar en las redes sociales mis sentimientos hacia otra persona. Pienso lo siguiente: “dime lo que gritas en Facebook y te diré de qué careces”. ¿Por qué opino esto? No sé, se me hace algo de hipocresía el decir “oh, mi vida, cuánto te amo, cuanto cada granito de mi reloj de arena para poder tenerte cerca de nuevo”, cuando en realidad esas personas se andan agarrando de los chongos y gritándose hasta de qué se van a morir. No sé, como que fingir algo que no es del todo cierto. Además de que creo que es similar al síndrome de la suegra metiche. ¿Por qué se mete en lo que no se debe? Porque hay una persona que se acerca a contarle lo que en teoría se debe resolver entre dos personas y nada más. ¿Qué gano posteando que odio a tal persona? Pues que mis amigos o conocidos tengan esa misma perspectiva sobre esa persona y cuando se da la reconciliación ¡sopas!, ya ha dejado de caer bien.

Entonces, explicado esto, procedo a hacer algo que no acostumbro.

Soy fanático de hacer listas. Me gusta tener algunas cosas muy ordenadas. Y sobretodo hay cosas que no olvido, como las fechas. Y mucho menos una como esta.

Hablar de eventos que marcan significativamente tu vida y se cuelan constantemente en tus recuerdos, por lo agradable que son, es resumirse a algunas pequeñas imágenes que acomodamos en nuestro cerebro. Una primera palabra, una mirada, un beso, un te quiero, un te amo, un ¿quieres estar conmigo?

Darte cuenta de que esa persona ha estado en partes importantes de tu vida y se ha vuelto cómplice de muchos de tus secretos es digno de enmarcar para siempre en la memoria, sin importar lo triste o nublado que haya sido ese viaje.

Caigo en la cuenta  y me fijo que si pudiera agradecer el tiempo, no habría moneda, regalo, situación híper-melosa o grito descomunal que lo pague.

Entonces, ¿cómo lo agradezco?

Por la misma historia, la otra persona no busca que se le agradezca. Porque no hay recompensa alguna, y sí más momentos en los que tengas que desahogarte, en los que el estrés sea tal que con una palabra mágicamente te olvides que el reloj sigue su curso.

Creo que diciendo “muchas gracias por estos 6 años que haz pasado conmigo” me quedo muy limitado con lo que realmente siento, no hay post en Facebook que pueda describir lo que significa que estés a mi lado.

Gracias por estos 2191 días.