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Conocí muy poco de esa persona, aunque cada vez que platicábamos me comentaba de la época en la que gracias a la música que tocaba, conoció a las famosas águilas del América de los 80 y de cuando conoció a José José y a otros músicos. Dada su condición actual deteriorada por un pasado dedicado en el que figuró mucho el licor, me parecía difícil de creer, hasta que vi las fotos.

Le conocí porque quería recordar aquellas películas que veía en la pantalla que tuviera enfrente. Quería ver de nuevo a través de sus oídos, tener fresca la imagen del Titánic siendo golpeado por el iceberg, de, ex gobernator en un kinder o de James Belushi con su compañero perruno.

A pesar de su discapacidad visual y de tener la mitad de su cuerpo sin movimiento, salía a buscar su Pepsi light de litro y medio y su pingüino, pequeños y mortales placeres que conservaba aun sabiendo que no se llevaban con su diabetes.

A diario le veía y me pedía que le ayudara con un camino difícil para él y de recompensa me daba un refresco, al que mayormente me negaba recibir y que acababa en el refrigerador siendo bebido por alguien más. Si no lo aceptaba, se enojaba demasiado. Decía que aunque era poco el dinero que tenía, me invitaba de corazón, tal como lo hizo el día de su cumpleaños, que para festejar me invitó a un refresco más grande.

No tenía mucho que ofrecerle. A veces música, a veces comida, a veces más películas. Recuerdo que en una ocasión fui a su casa a prepararle un sandwich. Decían que no debía hacerle favores porque él lo tomaba como que después era una obligación que tenía que hacerse a diario. Abrí el viejo refrigerador (que además me dio toque) y entre tanta comida podrida, había un poco de mayonesa, jamón, queso y panes para perros calientes. Solo veía como andaban los ratones y una que otra rata cerca de la mesa.

Uno de mis temores es no saber qué hacer con las cosas de alguien que conviviste y ya no está para tenerlas. Hoy decidí que esas películas dobladas al español y la música de Rulli Rendo, Styx, Toto, Rumba 3, Los aldeanos, Los askis, Los ángeles negros, Cañaveral, Sergio Faccelli, Danny Berrios, Umberto Tozzi, Sandro Giacobbe, entro muchos otros más, tenían que desaparecer de mi computadora. Las guardaba por si él las quisiera de nuevo, al igual que El hombre elefante con Anthony Hopkins hablando en castellano (decía que no reconocía la voz de don Hannibal Lecter en esta ocasión).

En una ocasión le reprendí por no cuidarse y cual pitonizo que ha visto su futuro decía que solo quería vivir feliz sus últimos días.

Cuando empeoró, no estuve ahí.

No regresé cuando ya había perdido varios dedos del pie ni a darle por enésima vez la película de Titanic.

Se me hizo muy triste cuando me enteré de su deceso. No llegaba ni al medio siglo de vida y se me hacía cruel pensar que quizás debió pasar antes ya que mayormente estaba solo y muy deteriorado.

La primera vez que le vi estaba tocando su batería en Tulipanes, me imagino que habría sido una cumbia, la verdad no lo recuerdo, muy concentrado en lo que hacía y luego saludando a los presentes. Con su viejo bastón intentaba emular esos momentos con una sola mano. Quizás se fue para seguir escuchando música y tomar todas las bebidas que pueda en su otra vida. Quizás se arrepintió de su vida de excesos. Quizás solo seguía viendo las imágenes de sus películas en su mente.

Tal vez no sea una persona que muchos recuerden de forma muy agradable ya que era muy gruñón y se peleaba con mucha gente, además de deberle dinero a todo el mundo, pero me alegro de aunque sea por poco tiempo, haberle ayudado de nuevo a escuchar esos ritmos que él disfrutaba y de revivir aquellas películas que le gustaban mucho.